El estudiante frente a un nuevo paradigma educativo.

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Cuando comienzas a leer sobre filosofía estoica es inevitable el terminar leyendo sobre personajes como Zenón, Epicteto, Seneca o Marco Aurelio. La información es bastante limitada, pues son personajes milenarios y no figuras de los siglos cercanos.

Gracias a la obra “Historia Augusta” tenemos más información del Emperador Romano (Marco Aurelio) que de personajes más obscuros como Epicteto. La información no es necesariamente veras en su totalidad, pero se pueden asumir varias cosas; le gustaba el boxeo, aprendió a leer y redactar en Latín y en Griego. Aprendió el uso de las armas, las destrezas del boxeo y la caza, la aritmética y matemáticas más avanzadas, así como después los conocimientos relacionados al gobierno del Imperio. Su educación fue muy completa, así como compleja. Tuvo muchos maestros, así como tutores; él menciona en su obra principalmente a aquellos que lo educaron en la filosofía práctica.

La relación educativa entre maestro y alumno era sencilla, como la filosofía misma en la que se le educaba; el deber del maestro era enseñar bien, y el deber del alumno era el aprender todo lo que se le enseñaba. Ya no vivimos en tiempos tan sencillos; el mundo creció en complejidad, existen posicionamientos divergentes y se vive en una constante lucha de ideas que se encuentran en constante cambio.

La humanidad se enfrenta a nuevos retos que ella misma se ha creado. Y es en ese aspecto donde recae la complejidad del modelo educativo más novedoso hasta ahora; la educación en línea. No hay mayor reto que el comprender que el mundo en que vivimos hoy cambiará drásticamente en algunos años. No hay mayor reto que el aceptar el que se vive en constante cambio y entender el que debemos de adaptarnos al mismo ritmo; el comprender que la vida en comunidad depende del encontrar la manera de mejorar como individuos al mismo paso que la tecnología se vuelve más compleja y misteriosa con los años.

Pero no todo ha cambiado por completo. Si bien Marco Aurelio no se enfrentó a un mundo que cambiaba a un ritmo extremadamente acelerado, sí se enfrentaba a uno más hostil. Y las únicas maneras de hacer frente a las dificultades son mediante la aceptación de cargar con todas tus responsabilidades, el valor de hacer frente a todas las dificultades y lo más importante; la autoconstrucción del pilar más fundamental de tu vida: la autodisciplina. Te puedes volver disciplinado mediante el uso de una fuerza externa, formada en un ambiente militar o ante el miedo a consecuencias desagradables. Pero la disciplina obtenida a la fuerza es viciosa, contaminada por el temor, mientras que la disciplina creada por uno mismo está bañada por las virtudes de una facultad rectora funcionando a completa capacidad.

Otro reto importante es el aprender a ser independientes y aceptar nuestras responsabilidades sin olvidar el que formamos parte de una comunidad. Y que es por el bienestar del colectivo por el que tratamos de ser mejores como individuos. Es muy fácil caer en la trampa del egoísmo cuando se vive en una era digital donde casi todo es posible sin la necesidad de interactuar cara a cara con nuestros iguales, o cuando los valores que rigen a una sociedad se encuentran en persistente escrutinio y bajo demanda de constante cambio.

Seamos independientes, seamos también únicos, seamos competentes sin competir los unos con los otros; el adversario a vencer jamás ha de ser el otro, pero aquel que fuiste tú mismo el día anterior.

“…la condición del pecador mismo es tal que no deja de ser mi pariente, participante, no de mi misma sangre o prosapia, pero sí de una misma inteligencia y de una partícula de la divinidad, no puedo recibir afrenta de ninguno de ellos, porque ninguno podría mancharme con su infamia. No puedo tampoco enojarme contra mi pariente ni aborrecerle, que hemos sido creados para ayudarnos mutuamente, como lo hacen los pies, las manos, los párpados, los dos órdenes de dientes, el superior y el inferior. Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros es ir contra la naturaleza: y es tratar a alguien de adversario el hecho de indignarse o apartarse de él.”

-Marco Aurelio, Meditaciones, Libro II, Idea I.

 

Un reto importante que no he mencionado y al que nos enfrentamos todos, no sólo los estudiantes, ya que afecta a los consumidores de información es el aprender a distinguir la información verídica de la falsa. O bien, saber darnos cuenta cuando si bien una información o argumento está bien desarrollado no necesariamente lo vuelve cierto. Vivimos bombardeados de notas, frases, imágenes cargadas con palabras inspiradoras, pero no necesariamente útiles o correctas. La responsabilidad de hacer nuestro lo útil y desechar aquello que es nocivo o no merece nuestra atención recae completamente en nosotros. También forma parte de nuestra responsabilidad el no ser participe en proveer de información falsa, esa que se suele expandir como la peste negra, afectándolo todo y matando cualquier oportunidad del desarrollo de mentes críticas y razonables.

La posibilidad de poder compartir información y puntos de vista también ha creado una sociedad en constante batalla en cuanto a posiciones políticas; la facilidad de acceso y expansión de argumentos (pobres o bien desarrollados) ha dividido a las comunidades otrora más o menos unidas en facciones buscando desesperadamente ser portadoras de la verdad. Ha creado también burbujas que producen más información, basada no en la lógica u objetividad, pero en meros posicionamientos provenientes de la ideología política o preferencias de quien la redacta. Es parte de nuestros deberes el distinguir la propaganda de las ideas bien desarrolladas, así como también el evitar ser partícipes en la producción de aquello que no sirve al bien común.

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